En el siglo XVIII Andalucía tuvo un papel fundamental en el
desarrollo del casticismo, que tuvo en el majismo una de sus
manifestaciones más peculiares. El prototipo del majo y la maja asociados a una
indumentaria particular, junto con el bandolero andaluz y el atuendo
de las mujeres gitanas, tuvieron un protagonismo crucial en la configuración
del vestido en gran parte de Andalucía.

Existe variedad de sombreros andaluces usados
originariamente por los hombres, como son el sombrero cordobés o de ala
ancha, el calañés, el catite y el pavero. Es caraterístico
el llamado traje corto, un traje masculino de faena relacionado con la doma
vaquera, compuesto por pantalón ajustado, chaquetilla o marsellés, botos
camperos, zahones y sombrero de ala ancha. El traje de gitana o de
flamenca, es un vestido femenino ajustado, con volantes en la parte inferior y
en las mangas. Como complementos suele acompañerse de mantoncillo o mantón
de Manila, abanico, peineta y flores en el pelo. Este traje tiene la
particularidad de ser un traje regional o tradicional sujeto a los dictados de
la moda, con tendencias renovadas cada año en las ferias y en las
romerías.
El Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla recoge
gran parte de la historia de la indumentaria en Andalucía.
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